Cupido

Amor o Cupido no
era una deidad romana nativa, pero había sido introducida en la
mitología griega por poetas, siendo su nombre una traducción directa
del griego “Eros”. Esto significa que Cupido no es parte de la religión
cristiana -aunque su figura se asemeje a la de un ángel- sino al paganismo helénico.

Debemos distinguir primero el doble carácter de Cupido;
primero, porque lo encontramos participando en la Creación del Mundo a
partir del Caos, y segundo, como mero dios del Amor: hijo de Afrodita y
Zeus, Ares o incluso Urano (de acuerdo con las distintas versiones
míticas).

En la primera faceta de su carácter, Cupido
es representado como clasificando la “masa sin forma” del mundo, con
sus conflictivos elementos en orden y armonía. Cupido es el encargado
de hacer desaparecer la confusión, uniendo las fuerzas discordantes y
transformando en terreno fértil las comarcas baldías.

En
la segunda faceta de su comportamiento y personalidad, Cupido es la
deidad que levanta las pasiones del corazón tanto de dioses como de
hombres. En un caso fue concebido como existente antes que los otros
dioses, como el dios de ese amor que opera en la naturaleza; en el otro
caso es considerado como el más joven de todos ellos: el dios de ese
amor que mantiene los corazones de los hombres en tiranía.

La
personalidad de Cupido es una combinación de ambos caracteres, tal como
Fidias lo representó en el nacimiento de Afrodita, a quien recibe
cuando ésta sale del mar, en presencia de las deidades reunidas del
Olimpo.

ANTIGUOS TEMPLOS DE ADORACIÓN DE CUPIDO

El
principal y más antiguo centro de adoración fue Tespia, en Beocia,
donde se celebraba un festival llamado Erotidia en su honor. Estas
celebraciones continuaron siendo una fuente de atracción hasta los
tiempos romanos.

Desde
Tespia, su adoración se extendió a Esparta, Atenas, Samos y Creta; los
espartanos y cretenses tenían por costumbre ofrecerse a él antes del
comienzo de una batalla, en la creencia de que era también Dios del
Patriotismo, del amor al país (que es lo que más une a un ejército). En
Atenas había un altar especial erigido en su nombre.

En
los tiempos antiguos, sus adoradores de Tespia se contentaron con
invocarlo en presencia de una ruda piedra, a la que grababan su imagen.
Pero en tiempos posteriores encontramos a Cupido como la figura más
atractiva entre las obras de la segunda escuela ática de escultores, la
escuela de Escopas y Praxíteles, que dirigieron sus espléndidos
talentos a añadir gracia fresca y belleza a su forma.

Mientras
los artistas rivalizaban unos con otros por este fin, los poetas no
eran menos celosos al cantar sus alabanzas. En la vida diaria, su
influencia se hizo sentir de una forma muy general. En los gimnasios
donde los jóvenes practicaban atletismo se colocó la estatua de Cupido
entre la de Hermes y Hércules; porque en este caso se le representaba
como ágil de piernas y de graciosas formas -un modelo de la juventud
que madura-.

A
medida que pasaba el tiempo, sin embargo, su figura se fue pareciendo
más a la de un ángel con rostro de muchacho rechoncho, imagen con las
que estamos muy familiarizados.

Se
suponía que Cupido también ejercía su influencia sobre los corazones de
las deidades, y para mostrarle en esa faceta, era representado algunas
veces con el símbolo de cada dios al que hacía enamorar con su famosa
flecha.

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