Romeo y Julieta – Fragmento I


Acto I. Escena V.

Fiesta en casa de Capuleto.
(Romeo ve a Julieta por primera vez)

        Romeo:
(A un criado) ¿Quién es aquella dama que enriquece la mano de aquel galán?

        Criado
:
– No la conozco, señor.

        Romeo:
¡Oh! ¡De ella debe aprender a brillar la luz de las antorchas! ¡Su hermosura
parece que pende del rostro de la noche como una joya inestimable en la oreja
de un etíope! ¡Belleza demasiado rica para gozarla; demasiado preciosa para la
tierra! ¡Cómo nívea paloma ente cuervos se distingue esa dama entre sus
compañeros! Acabado el baile, observaré donde se coloque, y con el contacto de
su mano haré dichosa mi ruda diestra. ¿Por ventura amó hasta ahora mi corazón?
¡Ojos, desmentidlo! ¡Porque hasta la noche presente jamás conocí la verdadera
hermosura!

        Teobaldo:
Ese, por su voz, es un Motesco. ¡Traedme mi estoque, muchacho! ¿Cómo el
miserable se atreve a venir hasta aquí, cubierto con un grotesco antifaz, para
hacer burla y escarnio de nuestra brillante fiesta? Pues, ¡por la estirpe y
honor de mi familia, que le mataré a estocadas sin ningún remordimiento!

        Capuleto
:
– ¿Qué hay, que pasa sobrino? ¿Por qué os alteráis así?

        Teobaldo
:
– ¡Tío, ese es un Montesco, un enemigo nuestro, un villano, que, por
despecho, ha venido hasta aquí para burlarse esta noche de nuestra fiesta!

        Capuleto:
¿Es el joven Romeo?

        Teobaldo:
¡El mismo, ese villano de Romeo!

        Capuleto:
Cálmate, gentil sobrino, déjalo en paz, pues se porta como noble hidalgo. Y a
decir verdad, Verona está orgullosa de un joven tan virtuoso y de tan
intachable conducta. Ni a cambio de todos los tesoros de esta villa quisiera yo
inferirle en mi casa el menor ultraje. Por tanto, repórtate y no te ocupes de
él. Este es mi deseo, que, si respetas, debes mostrar un aspecto jovial y
desarrugar ese caño, fiero talante que cuadra mal en una fiesta.

        Teobaldo:
¡Es la mejor actitud cuando entre invitados hay un canalla semejante! ¡No lo
sufriré!

        Capuleto:
¡Lo sufriréis! ¡Caramba con el caballerito! ¡Lo sufriréis, os digo! ¡Vaya! ¿Soy
yo aquí quien manda, o vos? ¡Vaya! ¡Qué no lo sufriréis! ¡Dios me perdone!…
¿Vais a armar un motín entre mis convidados? ¡Queréis levantar mucho el gallo!
¡Queréis ser el bravo!

        Teobaldo:
Pero, tío, esto es una afrenta para nuestro linaje.

        Capuleto:
Lejos, lejos de aquí. Eres un rapaz incorregible. Cara te va a costar la
desobediencia. ¡Ea, basta ya! Manos quietas… Traed luces… Yo te haré estar
quedo. ¡Pues esto sólo faltaba! ¡A bailar, niñas!

        Teobaldo:
Mis carnes se estremecen en la dura batalla de mi repentino furor y mi ira
comprimida. Me voy, porque esta injuria que hoy paso, ha de traer amargas
hieles.

        Romeo:
(Tomando la mano de Julieta) Si con mi mano, por demás indigna profano este
santo relicario, he aquí la gentil expiación: Mis labios, como dos ruborosos
peregrinos, están prontos, están prontos a suavizar con un tierno beso tan rudo
contacto.

        Julieta:
El peregrino ha errado la senda aunque parece devoto. El palmero sólo ha de
besar manos de santo.

        Romeo:
¿Y no tiene labios el santo lo mismo que el romero?

        Julieta:
Los labios del peregrino son para rezar.

        Romeo:
¡Oh, qué santa! Truequen pues de oficio mis manos y mis labios. Rece el labio y
concededme lo que pido.

        Julieta:
El santo oye con serenidad las súplicas.

        Romeo:
Pues oídme serena mientras mis labios rezan, y los vuestros me purifican. (La
besa)

        Julieta:
En mis labios queda la marca de vuestro pecado.

        Romeo:
¿Del pecado de mis labios? Ellos se arrepentirán con otro beso. (Torna a
besarla)

        Julieta:
Besáis muy santamente.

        Ama:
– Vuestra madre desea deciros una palabra.

        Romeo:
¿Quién es su madre?

        Ama:
Su madre es la señora de la casa, y una buena señora, prudente y virtuosa. Yo
he criado a su hija, esa con quien habláis y os juro que el que logre
conseguirla se llevará un tesoro.

        Romeo:
¿Es una Capuleto? ¡Oh, cara cuenta! Soy deudor de mi vida a mi adversario.

        Julieta:
Ama, ¿sabes quién es este mancebo?

        Ama:
El mayorazgo de Fiter.

        Julieta:
¿Y aquel otro que sale?

        Ama:
El joven Petrucio, si no me equivoco.

        Julieta:
¿Y el que va detrás… aquel que no quiere bailar?

        Ama:
Lo ignoro.

        Julieta:
Pues trata de saberlo. Y si es casado, el sepulcro será mi lecho nupcial.

        Ama:
Es Montesco, se llama Romeo, único heredero de esa infame estirpe.

 
      Julieta:-¡Mi único amor, nacido de mi único odio!
¡Demasiado pronto le vi sin conocerle, y demasiado tarde le he conocido!
¡Prodigioso principio de amor que tenga que amar a un aborrecido adversario!…

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